Las otras constumbres

Published by El abajo firmante under on 3:01:00 p. m.
Cuando estamos en pareja solemos cambiar muchas cosas, algunas para bien otras para mal. Aprendemos a querer lo que hace feliz a nuestra pareja, leemos lo que le interesa, aprendemos con ella (o él, según sea el caso), vivimos experiencias que nos enriquecen la vida y poco a poco nos vamos adptando a ese diario o casi diario convivir. Hasta aquí todo es bonito y lindo, compartir y todo eso. Pero llega a veces el momento de separarnos y nos preguntamos qué carajo hacer con todo lo que ya llamabamos "nuestro".
Cada cabeza es un mundo y cada corazón un universo aparte; por lo mismo cada persona convierte lo aprendido en algo distinto. A veces se quedan algunas cosas tan fijas en nosotros que las llevamos (o arrastramos) algunos años más, otras las olvidamos de inmediato y las verdaderamente intensas nos acompañan toda la vida. Esto puede convertirse en un problema cuando cargamos en la maleta vicios o errores de continua repetición, sin embargo cuando adquirimos hábitos que nos hacen ser o sentir mejores las relaciones pasadas nos ayudan a construir las futuras o la actual.
Seguramente dirán "eso lo sabemos todos" y tendrán razón, no vine a escribir nada nuevo. Es simplemente la intro para chismearles algo que me acaban de recordar.
Desde que tengo memoria la trova, los poemas de Benedetti y algunas frases han estado presentes en mi vida. La lectura es un vicio que me ha llevado en épocas específicas a una total dependencia enferma por los libros, el campismo formó gran parte de mi carácter y uno que otro gusto ha sido importante en más de una relación de las que he tenido. Hace unos años, cuando recién había terminado la relación con la suicida, conocí a dos chicas. Una de ellas se encargó de hacerme enumerar cada uno de mis gustos y buscar como practicarlos sin pensarlos como carentes de una mujer. La otra chica, novia de un amigo, se dedicó a buscarme pareja. Enlistaba a sus amigas y las cualidades que poseían. Un día platicabamos los cuatro (las dos chicas, mi amigo y yo) y la novia del gordo me dijo: ya sé quien sería perfecta para ti. Me contó que conocía en la escuela a una chica que era fan de Benedetti, que le gustaban los mismos cantautores raros que a mí, que siempre hablaba de sus experiencias en campamentos, leía a Kundera, tenía una colección de figuras de origami y hasta tomaba clases de cocina japonesa.
Cualquiera diría que esa chica estaba como mandada a hacer; decidí que debía conocerla y a los dos días fuimos a la escuela de las chicas. Entrando al estacionamiento la chica que me presentarían nos rebasó y dije algo así como "esa flaca no cambia". Me preguntaron los motivos para decir eso y les conté que ese era el coche de mi ex y que siempre había manejado con la misma imprudencia. La novia del gordo me dijo un no mames, a ella te iba a presentar.
Esa tarde nos reímos mucho por la coincidencia, después lo pensé bien y experimenté sentimientos encontrados al respecto. Cuando conocí a la flaca el único gusto que tenía de los mencionados era la trova, a Benedetti ni lo conocía, Kundera llegó a sus manos por un libro que le regalé, la colección de figuritas había sido hecha por mis manos, al primer campamento de su vida la invité yo y el sushi era una de las cosas que más disfrutaba prepararle.
Hace un rato me llamó una comadre, antes de llamarle comadre le decía ex y antes de eso era Elena-Melena, charlamos bastante sobre algunos gustos y manías que teníamos. Poco antes de comenzar a escribir este post otra ex me preguntó sobre un libro que leímos juntos y confesó que extrañaba algunas cosas de las que hacíamos y otras las practica ahora con su novio.
Me pusieron a pensar, más que nada en mi egoísmo. No recuerdo muchas hábitos que aún conserve de algunas relaciones, sin embargo sí recuerdo a algunas chicas que se quedaron con hábitos que compartiamos porque eran parte de mis actividades. Creo que soy demasiado rígido en algunas cosas, así que de ahora en adelante veré si puedo adaptarme a las personas y no forzarlas a adaptarse a mí. Esto, obviamente, implica un gran paso para dejar mi egocentrismo un poco de lado. Veré que ocurre y ya vendré a contarlo a los dos lectores de este espacio.