Aquí en Oaxaca?

Published by El abajo firmante under , , , , , , on 7:40:00 p. m.
Vienen siempre en tandas, de veinte en veinte o al menos de diez en diez. Cada grupo trae al menos un insoportable, un anciano, otro burócrata, una mirada triste y alguien con prisa. Casi ninguno incluye mujeres atractivas y eso convierte el trabajo de oficinista de impuestos en un martirio.

El burócrata del grupo es siempre un prepotente y fácilmente identificable como el más cansado del grupo. El anciano siempre rompe parámetros, en ocasiones es un gestor de trámites bastante colmilludo otras un despistado que cree que en esta oficina tiene que tramitar el permiso de su nuevo bar, o simplemente quiere realizar tramites sin documentación y alega que a una persona como él, o ella, no se puede poner en duda la palabra y que debo, en mi papel de servidor público, tramitarle todo creyendo ciegamente que es quien dice ser, que tiene lo que dice tener y que no debe lo que el sistema le marca como pendiente con retrasos y multas incluidas.

Los presurosos son siempre los peores. Tratan de apresurarme como si de mi dependiera la velocidad del sistema mal migrado que compró la secretaría. Vale la pena aclarar que ellos son siempre los que menos documentación de soporte presentan para sus trámites. Consideren que muchas veces sólo les requiero una identificación o en su caso la tarjeta de circulación de sus autos y ni eso llevan. Siempre son ellos los primeros en gritar o molestarse porque atiendo a ancianos o discapacitados con preferencia. También son los primeros en quejarse por el tiempo de espera y pierden más peleando que tramitando. Desde hoy adopte una medida de evasión en cuanto uno de estos sujetos se presenta, siempre se presentan prepotentes y no devuelven el saludo, lo que hago es tan simple que me sorprende haberlo descubierto: una conjunción adecuada de teclas en mi terminal y listo. El sistema falla, mi terminal se cierra, debo reiniciar la maquina cargar de nuevo el programa de cobro de impuestos y si el tipo se pone pesado llamo a informática y les hago un pancho porque mi maquina no sirve y debo esperar a que un fulano de ese departamento se presente, valide los datos y se disculpe con el contribuyente. Después de eso el tipo o tipa presurosa está que se lo lleva el diablo y yo, con una sonrisa en 30 segundos terminó su trámite y lo mando al banco a pagar.

Las miradas tristes que llegan a la oficina siempre suponen un reto. El propósito fijado para tales casos es siempre el mismo: hacer que el portador de tan mirada sonría al menos una vez mientras esta frente a mi escritorio. Aquí es donde entra la imaginación y debo conseguirlo sin ser un payaso ni un bobo, atenderle bien y sobre todo no puede excederme en tiempo con el contribuyente triste. No siempre lo logro pero cuando lo hago la sonrisa siempre vale la pena.

Las mujeres atractivas, por su efímera y poco frecuente presencia en mi escritorio, hacen que el trabajo sea monótono y casi siempre aburrido. Lo bueno es que el equilibrio siempre es buscado en cualquier sistema y basta voltear a la izquierda y verla a ella para que enseguida note mi mirada y me invite a fumar con un ladeo de cabeza y una sonrisa.

Finalmente el trabajo de burócrata no es tan malo como pareciera pero eso sí le falta cierta chispa que espero llegue pronto.