Pequeño recuento de eventos que le parecieron insignificantes

Published by El abajo firmante under , on 11:39:00 p. m.
- Quiero estar contigo ¿Recuerdas como caminabamos de noche?
Su amor desde el principio no fue sencillo, sin embargo estaba plagado de milagros. Ahora nueve meses despues, como quien arroja al mundo un producto no deseado él descubrió la verdad: del amor solo quedaba el recuerdo.
-Vamos levantate. Te invito un café, quiero estar contigo, caminar y platicar.
Los discursos y gestos ya no emocionaban a su muñequita. Ahora la relación era un monólogo suplicante. Ella no tenia ganas de estar con él. Nunca supo cuando perdió el interés por eso negaba haber dejado en el olvido al amor. Su memoria selectiva hacia maravillas para no recordar nada que pudiera ponerla en desventaja pues para ella el amor era una batalla. Su respuesta a la invitación fue casi inmediata:
- ¡Ay no! Tengo hueva. Ademas no puedes tomar café. Estás enfermo.
Él se sorprendió. Apenas lo creia. Esa no era su muñequita. El lenguaje era distinto. La disposición había cambiado. Pero lo intentó de nuevo.
-Yo tomaré té y tu puedes pedri lo que quieras.
- Ya te dije que no. ¿No te basta que este contigo? Podría estar con mis amigos ahora en una fiesta pero no, estoy contigo. ¿No te es suficiente? Eres un egoista. Si tu estas bien todo esta bien. Pero no te preocupas por lo que yo siento o quiero. Eso me indigna, solo piensas en ti y eso también me enoja mucho. Me hubiera ido con mis amigos al menos ahi si me podria divertir.

Definitivamente la mujer acostada a su lado no era la persona maravillosa de quen se había enamorado. Sin Embargo trato, ingenuamente, de rescatar a su princesa de las múltiples murallas que le habían construido alrededor. Él quiso rescatar a su amor, aunque no supiera que tenia que rescatar para lograr de nuevo la magia y el encanto perdido.
- Salgamos, extraño tu ternura y caminar junto a ti.
Esta vez no hubo respuesta. Ella se envolvió con enfado en las sabanas. Le dió la espalda. Se cubrió con una almohada el rostro y desde ese temporal y ficticio valuarte se atrevió a decir: No quiero, en serio estoy cansada y ademas tengo que llegar temprano a mi casa.
- Si nos vamos ahora nos da tiempo. Quiero estar contigo. ¿Puedes entenderlo? Quiero solo estar contigo sin nadie alrededor.
- Estamos solos, nadie entrará a la recamara.
Él se quedó callado. No tenia nada contra sus argumentos. Sin palabras se aferro al cuerpo que lo acompñaba en esa cama, al agudo cuerpo, a la mujer no. Ella estaba ausente. Solo tenía un cuerpo entre sus brazos. No contaba más que con una delicada figura, dándole la espalda. Cobijada al sentir el abrazo ella colocó su mano sobre el brazo que la cubria. El no sintio la caricia solo un repentino escalofrio le recorrió la espalda

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