insomne

Published by El abajo firmante under , on 3:34:00 a. m.
Me siento al borde de la cama, digo siento de sentir porque estoy tirado en el jardín. Me siento, decía, al borde de la cama; al borde de ese momento crítico tan temido. Estoy tan solo en ese momento que me aterra el hecho de que ahora estás a mi lado porque sé bien que no será así eternamente. Me siento como en ese momento de enfrentar la muerte nocturna. Claramente la diferencio de la muerte diurna que siempre ha sido más gloria que infierno. Me siento igual que ayer y antier y la semana pasada y el tiempo no importa. Por hoy por ahora, tirado en este jardín me siento como en el momento de enfrente a ese previo a la muerte nocturna mal llamado sueño. Me siento indefenso en ese momento, y ahora también. Desprotegido es la palabra, ahora me siento desprotegido. Lo empecé a sentir apenas retiraste tu mano de la mía. De pronto tuve un conato de pesadilla. Te sabía lejos, te sabía lejana. Pero estás aquí y es tan ridículo. Te decía que en ese momento, en que me siento, esta vez del verbo sentar, al borde de la cama siempre pienso en la muerte. La siento venir como viene el tiempo, pero ella no se va no transcurre se va quedando poco a poco en mí y me siento cada vez un poco menos de ti. Me siento al borde de la cama y las pregunta de si despertaré o no a la mañana siguiente se me planta por sistema en la mente. Imagino siempre cosas tan ridículas como que podré soñar con otra, y tal vez hasta decir su nombre, y tu podrás quizá no escucharme pero sé que no me lo perdonaré. ¿Qué pasaría si tu soñaras con otro? Los otros de tu pasado siempre me generan ruidos. Sé de cierto que no me lo dirías. Eres tan cauta que posiblemente cuando dormida me mencionas bien podría ser que sueñas con otro y disimulas tu onírico adulterio. Yo sí que no te lo perdonaría. Me tomas de la mano nuevamente y siento que lo haces por culpa o para que cierre el pico. Pero no te atreves a besarme y las dudas y los celos... y los celos. Te digo que me siento como al borde de la cama. Como cuando me preparo a revisar el día y cuento sin quererlo los te quiero no dichos. Cuento los momentos, y los rostros y a las otras que me pierden por instantes y no te encuentro en mi mente ni en mi alma. Cuento mis traiciones y sonrío. No entiendo como puedo ser capaz de sonrisas en ese momento trágico del encuentro con la muerte. Ella viene con la noche y se va quedando ya te dije. Y nos va alejando y no puedo hacer nada, aunque quisiera. A veces le agradezco la visita y le pido que se quede para siempre. Prefiero dormir de muerte que perderme en tu olvido. Pero la muerte llega democráticamente, no perdona tu silencio mientras lees y me gruñes si interrumpo diciendo que ya viene y que le temo. Le temo tanto que aprovecha esos miedos para irnos matando como se va llevando el tiempo. Esto de envejecer contigo es tan cruel que de haberlo sabido nunca te hubiese querido. Me siento como al borde de la cama. Como al borde del rezo. Como al borde de la muerte. Como al borde de tu vida. No me sueltes amor mío. Amor nuestro, digo. Porque es un egoísmo de mi parte no incluirte ese exilio. De haberlo sabido nunca te hubiese querido. Te quiero y envejecer contigo es morir, inevitablemente, divididos. Ya viene la noche y la cena y los niños. Ya viene la cama y su borde y su muerte y su olvido. No me sueltes, no te vayas. Habrá que dormir esta noche en el piso. Ya me enfrentado por hoy a la muerte y a tu olvido. Por hoy ya me senté al borde de la cama y ese poco que me toca ya he fallecido. No me sueltes, que la muerte viene con la noche y sin tu mano en la mía moriré para cuando haya amanecido.

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