El borde del secreto.

Published by El abajo firmante under , on 1:26:00 a. m.
Antes de continuar leyendo debes entender lo poético de tu nombre. Omitiendo la primer palabra que es una referencia real muy obvia, quedan tus apellidos uno marca límites y el otro secreto. Por lo tanto nombrarte era más que nombrar el aire de tu identidad legal, era nombrar el borde de tus secretos. Ese guiño lo marqué desde el principio pero no lo notaste.



Escribes no te salves y eres quien me mantiene inmóvil al borde de tu camino. Dices no quererlo pero le haces caso a tu conciencia y a mis miedos. Te escondes tras la voluntad y cada puerta que abro en mi memoria, todas mis parcelas tendrán algo tuyo. Parafrasearé a Mario y a Jaime lo odiaré por la semana que dedicaré al olvido y la abstinencia de tus letras. De tus ojos mejor no hablo, ni escribo, ni pienso, ni maldigo, de tus ojos nada; solo eso nada.
A veces se dice mucho cuando no se dice nada, pero se dice más cuando se dice poco con sinceridad. Escribes no te salves y terminas tu segundo adiós, que es el número tres y no dejas espacio para un trato, de mi táctica solo se puede decir que no valió para que la estrategia funcionara.
Pero, para ser sincero, no tenía nada planeado. Nunca planeé conocerte, mucho menos tener que olvidarte. Hablamos de coincidencias y pienso en causalidades y situaciones inevitables. ¿De verdad será este adiós tan inevitable como perderse en tu mirada? ¿Será cierto que la voluntad podrá contra mis ganas de tenerte? No lo sé y espero no averiguarlo pronto. Solo sé que todo no valió como para convencerte de las ventajas de tenerme y el mientras dure duró una semana atípica y veintantosdiañera. Una semana que no termina pero terminará con un olvido forzado. Espero recordar que debo olvidar para no verme recordando que me encantas y te odio.
Ahora sí te odio. Te odio por tu brevedad cuando me pediste no ser efímero, te odio por que tu voluntad es mayor a mi convencimiento. Pero encantas por todo lo demás. Me encantas porque me sacaste del rutinario negocio de la soledad. Me encantas por tus ojos, y tus manos, tus cejas, tus piernas, tu llanto amortiguado, tus acentos, tus pies que no examinaré y nunca podré dictaminar su belleza, tus ideas tan desconocidas e incomprensibles, tu curiosidad y tu sonrisa que no pude retener. Te odio porque serás fulana y no prójima. Me encantas porque sí y no sé como. Te odio por lo demás que no entiendo.
Me fascina que leerás esto y será imprudente. Pero si decides volver a mensajearme, llamarme o escribirme mejor abstente, dos días son mucho tiempo para esperarte sentado en las preguntas de motivos que conozco pero no acepto porque no entiendo.

P.D. A los gatos sí los odio pero pude haber amado tu mirada felina.

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